lunes, 9 de mayo de 2011

Archivo | Aeroblus, al rescate del rock clásico




AL RESCATE DEL ROCK CLASICO

Aeroblus, progresivo sin exagerar

Dos enormes estrellas pentagonales flotan en su coloreada iluminación y abarca la mitad del escenario. Debajo y a los costados de ellas se multiplican los altavoces de toda forma y tamaño. Es la escenografía para la ansiada presentación de un nuevo grupo de rock bien pesado que formaron tres hombres conocidos en el género: Aeroblus

El día del debut la espera fue larga. Anunciado para las 23, faltaban pocos minutos para la medianoche cuando las puertas se abrieron al recital. Jovencitas con largos vestidos etéreos, jóvenes –muy jóvenes- matrimonios con sus bebés; largas melenas y otras juveniles expansiones, se codeaban con algunas personas de edad de cuya presencia no pudimos averiguar la razón. Lo cierto es que todas las generaciones presentes fueron movilizadas por Aeroblus.

No son “progresivos” en el sentido mas explícito del término. Se mantienen en la línea “clasicista” del rock and roll. La marcación es densa, violenta, insistente, exaltada. Siempre. Cuando percuten, cuando frasean en las cuerdas, cuando cantan.

Al comienzo los gustos y las opiniones estaban divididas. Algunos vivaban a Pappo (Norberto Napolitano); algunos se enardecían cuando Alejandro Medina (ex integrante del siempre recordado conjunto Manal) llevaba la voz cantante. Hubo quienes se adhirieron desde el comienzo al empuje percusivo de Rolando Castello Junior; otros pedían más y más energía...

El recital tuvo tres etapas. La primera fue casi un tanteo. Hubo preponderancias de temas rock aunque todavía faltaba algo para soltar los frenos. “Árboles difusores”, tema íntegramente instrumental, fue uno de los momentos mas interesantes sonoramente. También “Estoy completamente nervioso”, cantado por Pappo, marcó la línea fundamental que se definiría mas adelante, al igual que “Detrás del tiempo”. Luego de media docena de temas la tensión disminuyó. Un par de canciones climatizaron un momento de relajación que preparó la explosión de “Aire en movimiento”. De allí en adelante el público se movilizó y enardeció cada vez más. Como una reacción en cadena, lo que al principio fue un pequeño núcleo expansivo contagió a los alrededores, y cuando se llegó al final (con el tema que lleva el nombre del grupo, “Aeroblus” donde se insiste en afirmar “vamos a buscar la luz”) las contorsiones se habían se habían generalizado: un cierto delirio había llegado a través de los centenares de vatios expandido por los altavoces, fruto de tres músicos convencidos de lo que hacen.

Pappo (quien se iniciara en nuestros escenarios con Pappo´s Blues y que llegara ahora luego de su experiencia en Londres en diversos conjuntos) cuando toca la guitarra eléctrica parece convertirse en una estatua: sus hombros se cuadran, define una posición en su cuerpo... y hace volar los dedos o busca efectos de color que no pretenden ser originales sino efectivos. Y lo son.

Alejandro Medina ha amasado una densa experiencia a partir de Manal, pasando luego por La Pesada del Rock and Roll y, fuera de nuestro país con el grupo brasileño Som noso de Cada Dia. No fue en vano. Su accionar en el bajo eléctrico es asombrosamente seguro, definido, acentuadamente marcado, a la vez de flexible.

Junto a ellos, tras una docena de tomtones y platillos, amén de un par de bombos Rolando Castello Junior (ex integrante del grupo Made in Brazil) se contorsionó sin perder un ápice el empuje rítmico en todo el recital y tuvo algunos momentos en los que descargó contratiempos de fuerte impacto.

Pappo y Medina cantaron. Ambos lo hicieron con eficacia, más rígido el primero y con mayor soltura el segundo.

Una contra tuvo el recital: duró solamente alrededor de cincuenta minutos (quizá como consecuencia de la demora en el inicio) y concluyó justamente en el momento cuando el público comenzaba a “soltarse” y los músicos lograban una verdadera identificación entre sí. También faltó el denominado grupo soporte, Hidromiel. Les hubiera sido difícil contraponer peso con Aeroblus.

R. de P.

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